Presentación del Espacio Natural

Las propiedades y elementos que contribuyen a definir el conjunto del territorio protegido, producen a su vez marcados contrastes con el resto de la Comunidad de Madrid. Así, los factores físicos, biológicos, sociales y económicos del sureste madrileño, resultan ser el polo opuesto del territorio situado en las áreas serranas de la región. Allí, frondosidad arbórea, aquí terrenos casi desnudos de vegetación; allí temperaturas veraniegas que nos trasladan a climas atlánticos, mientras en el Parque nos situarían casi exactamente en el sureste español, en las zonas subdesérticas almerienses, lo que nos indica el claro carácter mediterráneo del Parque; en la Sierra municipios con escasa población y actividad económica agraria, en el sureste núcleos urbanos que crecen sin cesar, con grandes polígonos industriales que en unión a Madrid capital producen una frenética actividad y, en fin, allí se sitúan las mayores altitudes con elevaciones de 2.000 metros, cuando en el Parque apenas se logran los 700 metros.

Así, bien pudiera parecer que desde la Sierra hasta lo más interno del Parque, los contrastes se incrementan progresivamente en una especie de misteriosa acumulación. En este entorno tan peculiar, es el agua el elemento natural omnipresente y dominante del valle bajo del Jarama. Así viene sucediendo desde el Terciario, cuando sus aguas han ido modelando el territorio del Parque, hasta nuestros días, con el Jarama y sus tres afluentes, Manzanares, Henares y Tajuña, que unen sus aguas en territorio del Parque. La existencia de numerosas lagunas, artificiales en su gran mayoría, también contribuye a ese protagonismo. Es en estos medios acuáticos donde la fauna, aves particularmente, encuentran lugares oportunos para su reproducción, cría, paso e invernada: garzas, cormoranes, patos, malvasías, calamones son algunas de las 120 especies de aves que existen en aguas del Parque, que encuentran alimento en la vegetación ribereña, antaño exuberante, o en su fauna piscícola de carpas, perca-sol e incluso calandinos, bermejuelas y barbos.

Flanquean el eterno correr de las aguas del río Jarama los cortados y cuestas yesíferas, que originó la erosión fluvial cuaternaria. En estos yesos, tan excepcionales como frágiles, se encuentra la flora más singular de la Comunidad de Madrid: jabuna, sisallo, hierba de las pecas, carraspique, chucarro son algunas especies de esa flora especial. Sus portes, arbustivos y de escasa densidad, producen paisajes vegetales con grandes espacios abiertos propiciando lugares idóneos para la existencia de aves esteparias como avutardas, sisones y alcaravanes. Muy cerca de ellas, allí donde las cuestas se convierten en paredes verticales formando hermosos cortados, anidan halcones peregrinos, búhos reales, chovas piquirrojas y, en sus cercanías, milanos negros.

Desde el aire, donde parece haberse situado esta visión del Parque, se avistan otros aspectos no menos importantes. En los remedos de bosques constituidos por coscojas y pinos, a los que acompañan encinas y quejigos, habitan águilas calzadas y culebreras, azores y pequeños búhos junto a garduñas, ginetas y zorros. Mientras, al mismo tiempo, aquí y allá, en cualquier lugar, saltando, agazapados, corriendo, refugiándose en boqueras, aparecen los conejos.

Toda esta importante y muy interesante diversidad biológica convive en un medio natural altamente humanizado, ya que en su entorno se asienta la población de un total de dieciséis municipios, que en mayor o menor medida contribuyen con parte de sus terrenos a formar el Parque. Los pobladores de estos núcleos urbanos han sido desde muy antiguo agricultores y todavía hoy en día el cincuenta por ciento del territorio del Parque está destinado a cultivos agrícolas, mayoritariamente asentados en el fondo del valle del bajo Jarama, en la llamada vega del río, donde el maíz es el cultivo por excelencia.

Bajo la fértil tierra de la vega jarameña se encuentran los depósitos de gravas silíceas de la sierra que se formaron durante millones de años con los inmensos acarreos de la erosión fluvial cuaternaria. Constituyen esos depósitos el objetivo de la actividad minera que tras su extracción los destina al sector de la construcción. Ese mismo subsuelo guarda un pasado paleontológico y arqueológico de gran relevancia en la Comunidad de Madrid, constituyéndose en otro más de los valores ocultos del Parque, que forma parte del Patrimonio Histórico de la región.

Ante los esbozados valores naturales de este territorio, se hacía preciso dotarle de un instrumento legal que permitiera a la protección de dichos valores, instrumento que se plasmó en la Ley 6/94, de 28 de junio, de creación del Parque Regional en torno a los ejes de los cursos bajos de los ríos Manzanares y Jarama.