Pastizales

En el Parque Regional de Sureste los pastizales tienen un marcado carácter xerofítico. Los atochares, cuya especie dominante es Stipa tenacissima, proliferan en las laderas gipsícolas en declive que forman profundos barrancos y cortados. Son suelos calcáreos, muy erosionados por la acción del agua de lluvia. La atocha forma comunidades estables y de un marcado aspecto estepario. La fisonomía de las formaciones en que domina esta gramínea viene definida por el porte de la misma: forma macollas densas con una considerable altura y dispersas entre sí, con densidades que superan el 50%. Existen otras formaciones semejantes, aunque ocupan extensiones mucho menores, como ocurre en las praderas cubiertas por Stipa offneri, Stipa parviflora y Stipa pennata entre otras. Los atochares son comunidades termófilas que proliferan en las solanas y que comparten hábitat con otros taxones gipsícolas típicos.

Muy diferentes a estos pastizales son los lastonares y fenalares. Ambos tienen una marcada preferencia por las zonas húmedas y suelos de tipo «gley». Se trata de formaciones glicohidrófilas puras capaces de verdear todo el año, evidencia inequívoca de la presencia de agua subterránea en los meses más secos y calurosos del año. Los lastonares de Elymus pungens y fenalares de Brachypodium phoenicoides tapizan por completo los suelos temporalmente encharcados y umbrófilos característicos de arroyos y exiguas llanuras encajonadas entre laderas.

Cabe destacar los lastonares halófitos que engalanan algunos fondos de valle salinos y cuencas endorreicas. Son asociaciones graminoides, algunas de ellas de reducido tamaño, con poca entidad en cuanto a superficie ocupada, que cubren casi por completo estos enclaves. Las especies más significativas son el esparto basto o albardín (Lygeum spartum), cebada silvestre (Hordeum marinum), grama salada (Aeluropus littoralis) y hierba de las salinas (Puccinellia festuciformis). Entre todas ellas destacan los espartales o albardinales donde la fisionomía graminoide de la comunidad viene dada por la dominancia absoluta del albardín, que en ocasiones supera el 90% de la biomasa total. Las condiciones macroclimáticas de los albardinales corresponden a las del piso mesomediterráneo, con precipitaciones entre los 400 y 600 mm/año. Estos enclaves son hábitat prioritario de la Directiva 92/43/CEE. Tienen también un alto valor como lugar de residencia y campeo de numerosas aves esteparias.